- El rendimiento se calcula entre el 90 y el 98 por ciento
La ''obra maestra'' es una bella estufa de más de siete metros de alto y más de cuatro toneladas de peso, instalada en un café de Belgrado
BELGRADO, SERBIA (02/DIC/2012).- Desde hace
siglos se producen en Serbia estufas de cerámica, que calientan los hogares de
este frío rincón balcánico de forma ecológica y al mismo tiempo le dan un toque
exclusivo y único a la casa.
"La estufa de cerámica calienta de forma
natural porque todos los materiales que la componen son naturales", explica el artesano Dejan Vojinovic, quien prefiere la leña como combustible
renovable y más limpio que el carbón.
Este propietario de un taller de
vieja artesanía cuenta que en esas estufas no se produce ningún proceso químico,
ya que "todo son arcillas, cocidas a temperaturas diferentes, y algunas no
cocidas, como las que sirven de conjunción".
Las estufas de cerámica,
normalmente de gran masa, almacenan el calor, que radian horas después de que se
haya apagado el fuego.
Así, reducen de forma significativa el gasto de
combustible respecto a una estufa de acero y sobre todo a una chimenea abierta,
que se enfrían rápido.
Están compuestas de ladrillos de chamota
resistentes a muy altas temperaturas, en el interior, capaces de absorber
grandes cantidades de calor, que transmiten lentamente a las placas de arcilla
cerámica esmaltada, la parte exterior y decorativa de la estufa.
La
chamota se coloca en un complicado sistema de obstáculos cuyo objetivo es hacer
canalización especial para ralentizar el paso de llamas y gases calentados, y
aumentar así el rendimiento.
Las placas, además de con arcilla, se unen
con alambres metálicos, que contribuyen a la estabilidad de la
estufa.
"Las placas de cerámica hechas a mano no sólo sirven para
calentar, sino que son una pieza de arte", dice Vojinovic.
Su "obra
maestra" es una bella estufa de más de siete metros de alto y más de cuatro
toneladas de peso, instalada en un prestigioso café de Belgrado y que calienta
dos pisos, que suponen unos 300 metros cuadrados.
"Montar una estufa, sea
grande o pequeña, requiere del maestro una dosis de arte. También, el artesano
tiene que pensar mucho cómo colocar los elementos para que el rendimiento sea el
máximo, hasta de entre el 90 y el 98 por ciento", señala.
En muchos pisos
y casas señoriales del pasado, la estufa de cerámica fue un "mueble"
inevitable.
En los tiempos modernos, los nuevos dueños destruían estufas
para sustituirlas con calefacción a electricidad y a distancia, pero ahora se ha
puesto de moda tener una, sea nueva o reconstruida.
"Instalo la estufa de
cerámica a quien le guste. Pero cuando se da cuenta de cómo calienta, queda
totalmente entusiasmado", asegura el artesano.
Reconstruir una estufa de
cerámica es un trabajo exigente, pero indispensable para su manutención y
debería hacerse después de cada diez años de uso para limpiar a fondo los
conductos del hollín, cambiar la chamota y mejorar su utilidad.
La
historia de esas estufas "comenzó con la cocción de la arcilla", y las placas se
esmaltan desde comienzos del siglo XVII.
En aquel tiempo, son frecuentes
en Europa central, pero pocos podían darse el lujo de tenerlas porque costaban
un dineral y debido a la mala tecnología se tardaba un año y más para construir
una.
"Cada una era única, hecha para un dueño, y nadie más podía tener
otra igual. Los moldes en que se imprimían las placas de cerámica se desgastaban
ya en el proceso de producción", explica.
Vojinovic produce en su taller
placas de acuerdo a recetas tradicionales y asegura que, aunque las industriales
son impecables, carecen de ese realce artístico.
En Serbia quedan muy
pocos artesanos que se dedican a la reconstrucción de las estufas de cerámica.
En la familia Vojinovic es una tradición de varias generaciones.