- Las nuevas técnicas usan datos que ya se recolectan de manera rutinaria
Se determinó que algunas señales registradas en los electrocardiogramas de pacientes que murieron por causas cardiovasculares, contenían patrones erráticos similares
CHICAGO, ESTADOS UNIDOS (28/SEP/2011).- Investigadores de la Universidad de Michigan descubrieron
señales sutiles de daño cardiaco en electrocardiogramas, que podrían ayudar a
identificar con anticipación a los pacientes con riesgo de morir
pronto.
Los resultados de un estudio, que se publican en la revista
Science Traslational Medicine, otorgan nuevos elementos a los médicos para
detectar este riesgo y otorgar un tratamiento anticipado a sus pacientes
cardiacos con el que pueden salvarles la vida.
En Estados Unidos cerca de
un millón de personas registran ataques cardiacos cada año, y en ciertos grupos
de edad más de uno de cada cuatro individuos que sobreviven al ataque inicial
mueren por complicaciones dentro de un año, según la Asociación Cardiaca
Estadunidense.
En el estudio, participaron especialistas del Instituto
Tecnológico de Massachussets, la Escuela de Medicina de Harvard y el Hospital
Brigham and Women’s de Boston.
Los investigadores usaron técnicas de
exploración de datos para analizar los Ecos continuos de 24 horas de cuatro mil
557 pacientes que habían sufrido ataques cardiacos.
Además, determinaron
que algunas señales registradas en los electrocardiogramas de muchos pacientes
que murieron por causas cardiovasculares, contenían patrones erráticos similares
que hasta ahora se habían desechado como ruido o no se detectaban.
'En el
‘ruido’ hay información oculta, y es casi invisible debido al enorme volumen de
datos', dijo Cesan Syed, profesor de la UM y autor principal del
estudio.
Indicó que 'usando avanzadas técnicas de computación podemos
separar lo que es realmente ‘ruido’ de lo que es, en realidad, un comportamiento
anormal que nos indica cuán inestable es el corazón'. Los médicos recetan en la
actualidad tratamientos más agresivos después de un ataque cardiaco sobre la
base de factores como la salud general del paciente, su historial médico,
resultados de varios análisis de sangre y un ecocardiograma.
El
ecocardiograma es un examen diferente al electrocardiograma, que se basa en el
ultrasonido para obtener una imagen del corazón y medir cuánta sangre bombea en
cada palpitación.
"Los métodos actuales que determinan cuáles víctimas de
ataques cardiacos necesitan los tratamientos más agresivos pueden identificar
los grupos de pacientes con alto riesgo de complicaciones, pero no aciertan en
más del 70 por ciento de las muertes", apuntó el especialista.
Benjamín
Scirica, cardiólogo del Hospital Brigham and Women’s que también participó en el
estudio, consideró que la medición actual es burda y no logra identificar un
buen número de pacientes que tienen los corazones más enfermos.
Durante
los meses siguientes a un ataque cardiaco los pacientes son vulnerables a la
muerte repentina debido a irregularidades en el ritmo del corazón, lo que puede
evitarse con medicamentos o defibriladores implantados que administran descargas
eléctricas.
"Actualmente es difícil determinar quién necesita esos
medicamentos o el defibrilador antes de que sea demasiado tarde',
precisó.
El electrocardiograma, una de las herramientas más antiguas en
cardiología, mantiene una vigilia junto al paciente de ataque cardiaco internado
en el hospital, pero para los médicos es complicado determinar predictores de
resultado más importantes en sus grabaciones.
Los médicos, observan estos
datos en 'instantáneas' que duran unos pocos segundos, debido a la imposibilidad
para estudiar los datos recolectados en 72 horas de electrocardiograma, es por
eso que se enfocan en pequeñas porciones.
Syed y sus colegas
desarrollaron nuevas formas para examinar los datos y encontrar anormalidades,
llamadas 'biomarcadores computacionales', que señalan defectos en el músculo
cardiaco y el sistema nervioso y que evolucionan con el tiempo.
Esos
biomarcadores son: la "variabilidad morfológica", que es el grado de variación
sutil en la forma de los latidos del corazón aparentemente normales a lo largo
de periodos prolongados.
Así como los "motivos del ritmo cardiaco", que
son secuencias específicas de cambio del ritmo cardiaco, y reflejan si el
corazón responde como debe a las señales del sistema nervioso.
El tercer
biomarcador es el "desajuste simbólico", que mide la diferencia de la señal del
electrocardiograma de largo plazo de un paciente comparada con la de otros
pacientes con historiales clínicos similares.
Los investigadores usaron
las señales para comprobar quiénes estaban vivos un año después del ataque
cardiaco y encontraron que las personas con al menos una de las anormalidades
tenían de dos a tres veces más probabilidades de morir dentro de los 12
meses.
Al agregar las tres técnicas a las actuales herramientas de
evaluación que emplean los médicos, se logró predecir 50 por ciento más muertes
con menos positivos falsos.
'Esto representa decenas de miles de
pacientes para los cuales los médicos podrían recetar un tratamiento preventivo
eficaz sobre la base de una evaluación más individualizada de su riesgo de
complicaciones', agregó Syed.
Las nuevas técnicas usan datos que ya se
recolectan de manera rutinaria durante las visitas al hospital, de tal forma que
su puesta en práctica no aumentará los costos ni representa una carga adicional
para los pacientes o quienes cuidan de su salud.