BERLÍN, ALEMANIA.- Un centenar de
expertos abordarán esta semana en Berlín, en una conferencia
internacional, los avances conseguidos en la destrucción de las bombas
de racimo y los próximos pasos a dar, tras el acuerdo de prohibición
suscrito por 98 países en diciembre pasado.
El proceso de Oslo,
iniciado en 2007 por el Gobierno noruego con la intención de acabar por
completo con las bombas de racimo, fue retomado posteriormente en la
Conferencia de Dublín y alcanzó su punto máximo el pasado diciembre, al
ser firmado por 98 países.
En
virtud de este convenio, los Estados signatarios -Suiza, Australia y
Alemania, entre otros- se comprometían a destruir todas las bombas
terrestres y de racimo en su poder, a la mayor brevedad y en ningún
caso en un plazo superior a ocho años.
Por su parte, el Parlamento
alemán aprobó de forma paralela el pasado 30 de mayo su ley contra la
explotación, desarrollo y comercio de las bombas de racimo, una
decisión que satisfizo a las organizaciones no gubernamentales.
La
agrupación Landmine, que aglutina a más de quince asociaciones a favor
de la destrucción de bombas de racimo, ha instado al Gobierno alemán a
que dé ahora un paso más, el de ratificar el acuerdo, siguiendo el
ejemplo de diez de los países que ya lo han hecho, como Albania, Sierra
Leona, México y España.
Asimismo, para animar a todos los Estados
que aún no han firmado el acuerdo, las ONG y algunos diputados alemanes
han desplegado junto al Parlamento una pancarta que reza "Prohíbe las
bombas de racimo-Únete al Tratado".
Entre las naciones que no han
suscrito el convenio, más de una veintena, se encuentran Finlandia,
Estados Unidos, Rumanía y Grecia.
El director de CMC en Alemania,
Thomas Küchenmeister, subrayó el compromiso de las autoridades germanas
al organizar el que será el primer encuentro de más de 80 políticos y
activistas desde que firmaran el acuerdo de Oslo.
Según
Küchenmeister, la idea de preparar estas conferencias, que se
desarrollarán entre el jueves y el viernes, es que todos los países
signatarios sean transparentes y hagan pública "su voluntad de seguir
luchando contra las bombas de racimo y, por tanto, de ratificar de
inmediato la convención".
Algunos de los Estados que lo han
ratificado han adoptado ya medidas concretas, como España, que ha
pagado 4.9 millones de euros para la desmantelación y destrucción de
todas sus reservas, que alcanzaban las 233 mil 261 submuniciones, según el
informe presentado.
Alemania, aunque tiene pendiente la
ratificación, sigue siendo pionera en la destrucción de las bombas de
racimo, al contar con una planta de incineración que desmantela
cualquier tipo de munición a través de un proceso ecológico y costoso.
Con
más de quince años de experiencia, la instalación de Spreewerk en
Lübben, a las afueras de Berlín, es única en el mundo, no sólo porque
recicla el 90 por ciento de los materiales que obtiene tras descomponer
las municiones, sino también porque es capaz de destruir hasta 12
toneladas de explosivos comunes en un día.