- Entrevista: Ernesto Piedras
La creatividad es la materia prima de los artistas y la cultura uno de los pilares de la economía, explica el economista Ernesto Piedras autor de ¿Cuánto vale la cultura?
GUADALAJARA, JALISCO (08/JUL/2012).- No es verdad que los artistas se mueren de hambre. Es una idea equivocada que todos repiten, incluso los mismos creadores. Y para demostrar lo anterior: los números. Todos, en tinta negra. Un pintor, un escultor, un músico, un cantante, un cineasta, un actor, un bailarín, un artesano, un escenógrafo, un escritor, todos ellos, integran las llamadas industrias culturales.
Las industrias culturales son el cuarto sector económico en el país, detrás del petróleo, la maquila y el turismo, producen más un billón de pesos anuales, es decir 7.3% del Producto Interno Bruto (PIB), y emplean directamente o indirectamente a casi dos millones de personas, quienes son de alta productividad, explica el economista y director de The Competitive Inteligente Unit (CIU), Ernesto Piedras.
Y aunque usted no lo crea: un artista es más productivo que un médico, un abogado, un dentista, un administrador, un hotelero. Sin embargo, los creadores no cuentan con una política fiscal a su medida, señala el autor del libro ¿Cuánto vale la cultura?
El profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) adelanta que ya trabaja en su próximo libro, en el cual definirá las industrias culturales y las industrias creativas. Ernesto Piedras comparte algunas ideas, incluidas en su próxima publicación, que espera presentar a finales del año en Guadalajara.
—¿Industrias culturales o industrias creativas?
—El análisis lo podemos hacer desde diferentes rutas. La anglosajona se va mucho por industrias creativas, pero el mundo ya les llamó industrias culturales, la Organización para las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) le puso esa denominación, que, por cierto, es muy sexi. Tiene buena mercadotécnica y vende muy bien. Pero, ¿qué son?
Para empezar: qué es industria. A mí, lo industrial me evoca un proceso mecánico, automatizable, repetitivo, me parece que lo cultural y lo creativo pueden tener fases como éstas, pero no es sólo eso. ¿Es industria o no?
Luego, la parte cultural, ésa no me toca explicarla, soy economista, ésa es trabajo de los sociólogos y antropólogos, pero tomo denominaciones como la de Néstor García Canclini —filósofo argentino—, quien dice que todo con un carácter simbólico y de transmisión de tradiciones es cultura, pero vamos acotarlo, porque se podría pensar que cultura es todo, y ahí se acabó el trabajo del economista.
Lo industrial no me deja satisfecho porque no sólo es eso lo que queremos medir. La tradición anglosajona no dice cultura, sino creatividad, y la creatividad puede ser de carácter simbólico o industrial, por eso los abogados hablan de propiedad intelectual, que se subdivide en patentes o en derechos de autor.
Este mundo —el cultural— pisa más el terreno de los derechos de autor. Yo propongo otra denominación: Economía basada en la creatividad, porque industria cultural nos queda corta y hay que definir mejor a las industrias creativas.
—¿Se está en el debate de las definiciones?
—Sí, pero te digo una buena noticia: existe el debate. Hace 15 años, no. No tengo problema con llamarles industrias culturales, pero van más allá.
—¿Por qué economía basada en la creatividad?
—Es una invitación a pensar en una cadena productiva y creativa. En el primer eslabón tienes a la creatividad, que es el motor inmóvil, como diría Aristóteles, el primer elemento sin el cual la cadena no existe. Esta cadena no existe si quitas a la creatividad.
Por ejemplo, si no existe el crudo, no existiría la exploración, la refinería, la petroquímica ni la producción de artículos. Si tú quitas a la creatividad no existe la cadena, aquí estamos hablando de una cadena, que resulta ser el tercer o cuarto sector de actividad económica más importante en el país, y no lo vemos como eso, lo despreciamos.
—¿Qué permite medir la cultura?
—Los abordajes cuantitativos son una suerte de “check up” médico. Hoy tenemos instrumentos para medirnos la salud, el peso y la estatura, en la cultura. Una vez que te haces el chequeo puedes decir si estás bien o mal. No somos una bodega de números, la cosa es qué vamos hacer con ellos, si tú te haces un diagnóstico y resulta que tienes sobrepeso y colesterol, lo importante es cómo vas a reaccionar, si me dices que no vas a reaccionar, mejor ni te hagas el diagnóstico.
Dentro de la cultura, lo económico es lo menos importante y eso lo digo en mi libro ¿Cuánto vale la cultura?
—¿Y cuánto vale la cultura en México?
—En las investigaciones que he hecho, la cultura se ubica en una primera medición en 6.7% del PIB, y en estimaciones más recientes para 2003 y preliminares para 2008 sube al 7.3%.
¿Cómo se ubica como sector económico? Fíjate la irreverencia, ya le llamo sector económico a la cultura y a la creatividad, normalmente es uno residual y ornamental, pero si lo vemos como sector económico pasa a ser el tercero o el cuarto. ¿Por qué titubeo? Con su 7.3% es el cuarto sector de la economía. El primero es petróleo, el segundo es la maquila, el tercero es el turismo y el cuarto, la cultura.
Y alguien dirá: las remesas. El sector de la cultura no se compara con las remesas, que es un antisector porque representa la incapacidad de generar valor económico.
—¿Entonces, la cultura se queda en el cuarto?
—Si compartes un componente de turismo cultural con turismo, se cuelga al tercero, porque normalmente el turismo es de playa o es de patrimonio.
—¿Por qué no se reconoce el valor de este sector?
—Antes de responder, te voy a dar más elementos. La cultura produce casi 7% del PIB y dos millones de empleos, generados directamente o indirectamente, eso representa 3.6% dentro de la Población Económicamente Activa. Tú esperarías que para producir uno del PIB emplearás uno de gente.
Esta gente, los creadores, es muy productiva, tiene el doble de la productividad nacional promedio, es decir, mi amigo el músico es dos veces más productivo que el economista, pero el economista es socialmente premiado.
—¿Por qué el Gobierno no recompensa esa importancia?
—Hemos tenido un caso muy claro de miopía gubernamental. Es muy común culpar al Gobierno y a los legisladores, y no deberíamos dejar de hacerlo, es muy sano porque hay mucha tela de donde cortar, pero ellos no son diferentes a lo que socialmente somos todos.
Socialmente, despreciamos y desatendemos mucho a la cultura, los creadores van con los legisladores y ellos dicen: ‘me sobraron dos pesos, llévatelos’.
—¿Es un sector que requiere pocos recursos para operar?
—¿Cuesta o no cuesta la creatividad? Me pregunto mucho: De dónde viene la creatividad. Por ejemplo, el petróleo, los físicos y geógrafos nos pueden decir que un día, aquí, hubo bosques y dinosaurios que se fueron bajo tierra por algún proceso volcánico y bajo ciertas temperaturas y presión, eso se convirtió en petróleo. Entonces, ya entendí de dónde viene el crudo, ahí arranca el proceso económico.
En el caso de la creatividad: de dónde viene. Como economista no encuentro elementos para explicarlo, como observador te puedo decir que veo regiones, comunidades y países, donde hay creatividad acumulada, patrimonio, ahí se genera más creatividad.
—¿Los artistas invierten menos?
—La creatividad es un recurso que se ha formado. El día que un artista plástico hace una obra tiene años de estudio e intensidad. Los creadores no trabajan de 9:00 a 17:00 horas, en general, son creadores todo el día, y no es por mitificarlos.
Son, todo el tiempo, ellos mismos. Intensos en sus procesos. También está la parte técnica, que sí cuesta: ensayar con lienzos, pinceles, materiales, formase y leer. Los creadores son muy transversales, por ejemplo, un pintor escucha música, lee.
A la creatividad es trabajoso ponerle un costo o un precio, pero el aprovechamiento sí lo tiene, entonces el aprovechamiento de la creatividad puede ser el sector educativo, infraestructura cultural.
—¿Qué hace falta para que las industrias culturales detonen su potencial?
—Hay que pensar la gran ruta, luego los instrumentos. Veo dos tradiciones: la anglosajona y la latina. Francia y Canadá son muy proteccionistas, hay mucha intervención del Gobierno.
La cultura es necesaria, se justifique o no en lo económico, no toda tiene una rentabilidad económica, por eso la cultura es responsabilidad del Gobierno y del Estado.
—¿Entonces se requiere apoyos para la cultura?
—La pregunta es cuál cultura. Deja divido el mundo en dos. Hay una cultura que opera por mercado, a ésa le preocupa la piratería, encuentra un mercado y no necesita de un apoyo gubernamental, sólo de un marco legal y una sociedad operando. La otra, la no comercial, la que tiene una rentabilidad más compleja, sí, porque 7.3% es un promedio de todos.
Está desde el libro vaquero hasta una novela de Carlos Fuentes. Yo no mido calidades. La misma tinta que se usa para una revista de telenovelas, se puede usar para un libro de diseño gráfico. Ahí, la calidad no la estoy ponderando.
—¿Sirve la actual política fiscal para los artistas?
¿Qué política fiscal?... Hacerla desde cero porque cuando llegas con mis amigos de la cultura y les hablas de política fiscal, ellos dicen sí: subsidios y extensiones, que ya no me cobren y me den mucho más.
Por ejemplo, seguridad social para los creadores, eso es política fiscal.
Además, ¿por qué pagarían impuestos los creadores?, ¿a cambio de qué? Sí hay baches en las calles, no tienen un fondo de retiro, no pueden solicitar capital semilla público ni privado. ¿Para qué pagan impuestos?, ¿es un tema moral, fiscal, de optimización social? Claramente, es lo segundo. ¿Tenemos la estructura de gobernanza que necesitamos para la cultura que queremos? Categóricamente: No.
—¿Falta profesionalización de los creadores en términos fiscales?
Y en términos legales. No es satanizar a la gente del mundo de la cultura. Nos hace falta profesionalizarnos a todos, los economistas sabemos muy poco, casi nada, del mundo de la cultura.
Los modelos básicos de economía te dirían que si tú eres bueno produciendo grabadoras y yo, teléfonos inteligente, entonces, es mejor que hagas lo tuyo y yo lo que sé. Especialización. Eso está muy bien, pero no aplica para la cultura. Es irrenunciable a la generación de cultura.
—¿Y los préstamos bancarios?
Si un escritor llega a un banco y dice que va a escribir un libro, por lo que necesita mantenerse un año y medio, luego invertir en producción editorial, pagar a un agente y tener eventos de producción. Te van a abrir. Somos un país que no financia de manera privada ni siquiera la educación.
Hay creadores sumamente comerciales y otros negados para los dineros, pero hay gente que quiere un capital semilla para su proyecto, y ahí el Gobierno no entra para compensar.
Con una dimensión cuantitativa podemos repensar cómo operar la cultura, no es renunciar a todo lo que se ha hecho, no estoy en contra de las becas, debería haber más becas, pero no sólo eso. A mí me gustaría un manotazo en la mesa. Una sacudida.
—¿Qué ocurre en otros países?
—Cuando firmamos el Tratado de Libre Comercio, Canadá dijo negocio todo, menos mi cultura, ésa la retiro. Las mejores estadísticas de cultura y economía en el mundo son las canadienses, no es una casualidad, protegen sus contenidos. Con esto, no estoy abogando porque la única ruta sea la protección. Hay otros países que se abren a la competencia.
—¿Los productos del extranjero perjudican a las industrias culturales de México?
—No, a pesar de que somos tan abiertos y tan expuestos. No pedimos visa a la cultura de otros países. Entra libremente. Sin embargo, al final del día le vendemos al mundo mucho más de lo que le compramos. Eso no es una moda o una sorpresa. México es perfectamente conocido. Somos una potencia económico—cultural, y me rehúso al chovinismo, si te pido que describamos los cinco países más fácilmente identificables en términos culturales, dirás: China, Inglaterra, pero todos vamos a decir México.
Compramos mucho, y con todo, le vendemos más al mundo. ¿Qué significa? Este sector, al hacer su corte de caja de operación económica internacional, se queda con un excedente, que fueron divisas netas.
¿Quién genera divisas netas? Petróleo, maquila, turismo y cultura.
El sector de la cultura es un generador de divisas y no se le ve así.
Sobre el autor
Ciudad de México, 1961. Ernesto Piedras es Economista egresado del ITAM y de la London School of Economics. Actualmente es director general de The Competitive Intelligence Unit, S.C., consultoría de análisis económico especializada en telecomunicaciones e industrias culturales. Es líder de opinión en materia de telecomunicaciones, cultura, desarrollo y economía. Colabora en revistas y periódicos como Expansión y El Economista. Es profesor e investigador del ITAM y del CIDE; autor de diversos libros, entre ellos "Guatemala: un análisis de la contribución económica de la cultura" (2007), "Las industrias culturales y el desarrollo de México" (2006), "¿Cuánto vale la cultura? Contribución económica de las industrias protegidas por el derecho de autor en México" (2004) y coautor en 15 libros colectivos. Cuenta con artículos especializados en temas relacionados con las telecomunicaciones, industrias culturales, economía y desarrollo, tanto en México como en el extranjero.