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Jueves, 26 de Marzo de 2015

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¿Es Jesús mi Señor?

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  • El Señorío de Jesús es total o no es Señorío
  • El dominio de Jesús sobre todo el universo debe extenderse de una manera especial y concreta sobre aquellos que creen en su nombre

     ¿Está Jesús dentro o fuera de nuestra vida? Si ya está dentro, ¿quién es el centro: nosotros y nuestros, o Jesús como Señor?

     Sí, Jesús es el Rey del universo y lo proclamamamos, pero no basta. El dominio de Jesús sobre todo el universo debe extenderse de una manera especial y concreta sobre aquellos que creen en su nombre.

     Jesús es el Señor, así lo afirma la Sagrada Escritura (cfr. Fil 2, 9-11), pero debe llegar a ser efectivamente nuestro Señor personal, nuestro Rey. Es decir, quien decida en todas las áreas de nuestra vida y quien gobierne toda la existencia.

     Se trata de aceptar el Señorío de Jesús en todas las áreas de nuestra vida. Esto de ninguna manera anula nuestra personalidad o capacidad de decisión. Todo lo contrario. Se toma la decisión vital de que en adelante sea Jesús quien tome todas las decisiones de la vida.

     Ahora bien, el Señorío de Jesús es total o no es Señorío. O Jesús es Señor cien por ciento, o no lo es. Él no acepta el cincuenta por ciento de nosotros, ni el ochenta, ni el noventa. Ni siquiera el noventa y nueve por ciento.

     Para que Jesús sea Señor se le tienen que rendir todas las áreas y todos los aspectos de la vida. Hay que abrirle todos los rincones de nuestro corazón y permitirle que al entrar en ellos los inunde con su luz.

     Jesús no se contenta con formar parte o ser un aspecto de nuestra vida. Él quiere ser el centro único de nuestra existencia. O todo o nada. O frío o caliente, pero no tibio. A los tibios los vomita de su boca (Cfr. Apocalipsis 3, 15-16).

     Él no admite ser sólo un adorno decorativo en nuestra vida, sino un personaje real que vive en nuestro corazón y gobierna efectivamente nuestra vida.

     Por eso, su reinado no puede ser como el de las monarquías constitucionales de Inglaterra, Bélgica o Suecia, en las que la autoridad suprema no es el rey o la reina, sino el (la) Primer(a) Ministro(a) y el Parlamento. El rey o la reina son para los desfiles, las fiestas importantes y los aniversarios, pero no gobiernan el país. Ellos firman los tratados, las leyes, pero los tratados y las leyes fueron elaborados previamente, a ellos se los dan sólo para que los firmen.

     El reinado de Jesús, Rey de reyes, no es como los reyes de la tierra, y así hay muchos cristianos que elaboran sus propias leyes de cómo quiere vivir; hacen los proyectos de su vida, toman sus decisiones y luego nada más van a Jesús para que los apruebe y firme, no permitiéndole que tenga parte alguna en su elaboración. Jesús es el Rey, pero ellos son los Primeros Ministros.

     La diferencia entre un cristiano y otro que no lo es, consiste en que el cristiano vive según la voluntad del Señor, con los valores del Evangelio, con los criterios de Cristo y el impulso del Espíritu Santo, y el que no lo es, en cambio, vive según los deseos de la carne, con los criterios mundanos y haciendo su propia voluntad.

     No basta que Jesús sea nuestro Salvador. Es necesario que llegue a ser nuestro Señor. El pasaje evangélico de este domingo nos narra que así se lo hace ver Jesús a su amiga Marta, la cual estaba afanada en los quehaceres de la casa y descuidando lo primero y principal, a Él. Haciéndole ver a ella la trascendencia de su señorío, le dijo: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas. Sin embargo, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.

     En cierta ocasión en que un predicador habló sobre este tema durante un encuentro, al final se acercó una persona y le dijo: “¡Oye, ese Jesús al que tú  predicas pide mucho!”, a lo que el predicador contestó: “No, no pide mucho, pide todo”.

     ¿Estamos dispuestos a poner bajo el Señorío de Jesús todo lo que somos y tenemos? Si es así, entonces podemos afirmar y preciarnos de ser auténticos cristianos; si no, corremos el riesgo de caer en la tibieza y ser vomitados de su boca, como lo afirma el libro del Apocalipsis.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx   

CRÉDITOS:

EL INFORMADOR / SERM
Jul-19 20:58 hrs

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