CIUDAD DE MÉXICO (28/OCT/2011).- La Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados acordó proseguir hasta el jueves 3 de noviembre el debate de la reforma política, cuyo dictamen discuten desde el martes con lentitud.
Los grupos parlamentarios de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) acordaron levantar la sesión ayer.
El presidente de la Mesa Directiva, Emilio Chuayffet cerró los trabajos a las 20:45 horas y citó para el próximo 3 de noviembre a las 10 de la mañana, con lo cual los diputados se irán de vacaciones seis días a partir de hoy.
A su vez, el presidente de la Jucopo, Armando Ríos Piter, informó que no se trata de vacaciones pero reconoció que se requieren “las mejores condiciones” para el debate.
Rechazan suprimir facultades al PresidenteEn la discusión en lo particular de la reforma política, el pleno de la Cámara de Diputados rechazó suprimir la facultad del Presidente de la República para presentar iniciativas preferentes y cambiar la fecha para concluir la revisión de la Cuenta Pública.
Durante la sesión en San Lázaro y en votación económica se desechó la propuesta del legislador del Partido del Trabajo, Juan Enrique Ibarra Pedroza, que planteaba suprimir los párrafos 3 y 4 de la fracción IV del Artículo 71, referente a la facultad del Presidente de la República de presentar iniciativas para trámite preferente.
Análisis
¿Para qué sirve?
Orestes E. Díaz Rodríguez
Sólo el romántico o el ingenuo podían esperar que el curso de la reforma
política no tomara la ruta dorada que suelen transitar los proyectos de
ley importantes para la viabilidad del país: añejamiento, discusión
electorera, amputación, escándalo y promulgación castrada o congelación
definitiva.
En una nación semiparalizada por el divorcio entre el Ejecutivo y el
Legislativo y cuyo entorno socio económico, moral y político se
deteriora agresivamente, la reforma no incluye las opciones que podrían
contribuir a la cooperación entre los poderes y la provisión de
políticas públicas eficaces. Al contrario, refrenda fórmulas
abandonadas por la mayoría abrumadora de los países de la región,
debido a sus efectos perversos: elección presidencial por mayoría
simple, elecciones intermedias con mandato presidencial excesivamente
extenso, ausencia de incentivos institucionales para la formación en las
cámaras legislativas de mayorías oficialistas heterogéneas y estables y
prohibición de la reelección presidencial.
Claro está, la idea originaria de la reforma no es favorecer la
gobernabilidad sino la representatividad. Se debe avanzar gradualmente.
De lo que se trata es de redimir al ciudadano con la política, abriendo puertas que han estado sistemáticamente clausuradas. J
usto por ello omitieron, y luego denegaron, la figura más anhelada por
el votante, la revocación de mandatos, y se opusieron a poner en sus
manos la posibilidad de reelegir o no a sus representantes, bajo el
alegato de que en su momento organizarán una consulta popular de
carácter excepcional para preguntarle al famélico si tiene hambre.
Para despejar dudas sobre las verdaderas motivaciones, la viabilidad de
figuras aprobadas como las candidaturas independientes, será definida
en redacción futura de su ley reglamentaria, lo que garantiza que no
habrá equidad en el financiamiento y el acceso a medios de los
postulantes ajenos a la partidocracia.
La clase política tomó la decisión de exhibir sus miserias en lugar de,
como en otras ocasiones, aplazar indefinidamente la discusión.
La decisión obedece a que existe una oportunidad electoral, consistente
en hacer pagar los costos de una reforma mutilada al ala del partido que
mayores chances tiene de hacerse con el control del poder político en
los comicios de 2012.
La alevosía se echa a ver desde el momento en que deciden permitir la
discusión de la reforma, sólo cuando pueden hacer pasar como responsable
de sus omisiones y mutilaciones escandalosas, al subgrupo que les
aventaja en la lucha por el poder.
La invocación del ciudadano como meta de las reformas persigue dos objetivos en dependencia del grupo que lo haga.
Para unos es la forma desesperada de ganar espacios en la nueva
configuración del poder que se vislumbra. Para otros es la manera de
ocultar su intención de disponer del poder sin acotaciones fastidiosas.
Hace tiempo que dejó de ser un enigma donde obtiene la partidocracia el
crédito para maniobras que constantemente la desnudan de la peor forma.
Aparte de tener secuestrada la democracia, le ayuda sobremanera la
proverbial indiferencia mexicana por la acción colectiva y la
exportación anual hacia Estados Unidos hasta el año 2009, de un ejército
de 400 mil inconformes que a través de las visiones de la migración y
las remesas ablandan el activismo político de otros miles que aún no se
marchan. Pero si semejantes resultaran insuficientes, quedaría aún como
carta fuerte, la reproducción de la ignorancia a una escala que
conmueve.
Orestes E. Díaz Rodríguez es maestros de la Universidad de Guadalajara
www.orestesenrique.wordpress.com