- Falta de papeles agudiza el problema
Activistas reportan explotación sexual y laboral en comunidades indígenas que padecen marginación y pobreza extrema
ACAPULCO, GUERRERO (26/SEP/2011).- En la Montaña de Guerrero, la
marginación y pobreza extrema orilla a algunos indígenas nahuatlecos,
mixtecos, amuzgos y tlapanecos a vender a sus hijos menores de edad;
otros son robados y los padres no pueden reclamarlos “por falta de
papeles”, además de que muchos “desaparecen” en la búsqueda de mejores
condiciones de vida.
No existe un registro oficial ni de ninguna
otra clase, pero por las escasas denuncias ante organismos no
gubernamentales como Tlachinollan —reconocido mundialmente por su férrea
defensa de los derechos humanos—, se sabe que muchos de esos niños
desaparecidos terminan reclutados para la pizca de jitomate en Sinaloa,
como víctimas de las redes de prostitución infantil o como esclavos
domésticos.
Neil Arias, vocera de Tlachinollan, dijo que, por
usos y costumbres, cuando las hijas cumplen 12 años, sus padres las
entregan en matrimonio a cambio de una “dote” que se traduce en dinero
en efectivo.
La organización tiene registrados siete casos de
desaparición de menores en 2010 luego de que sus padres los enviaron a
las ciudades de Tlapa, Chilpancingo y Acapulco en busca de trabajo, pero
como son “cazados” por los tratantes, desaparecen.
Sin embargo,
la Procuraduría de Justicia del Estado tiene confirmadas 15 denuncias
por la desaparición de niños indígenas que habían sido secuestrados
fuera de sus escuelas.
No obstante, “los casos que son
denunciados ante la Procuraduría no son investigados, sólo los
archivan”, dijo Neil Arias, miembro del área jurídica de la
organización.
Basándose en publicaciones locales, la abogada
aseguró que sólo en Tlapa de Comonfort se dan al mes de dos a tres casos
de niños o niñas indígenas desaparecidos. Otros casos se han registrado
en Metlatónoc, Cochoapan El Grande, Atixtlac y Acatepec.
Entre
los casos documentados por Tlachinollan está el de Claudia, una joven de
19 años de edad que tiene tres meses de haber desaparecido en la
comunidad de Yoxondacua del Carmen, de Cochoapan El Grande, uno de los
municipios más pobres del país.
La joven viajó al municipio de
Tlapa de Comonfort para buscar trabajo y fue empleada por una
comerciante ambulante de frutas. Hasta ahí sus huellas; nadie ha sabido
más de ella.
Además, como sucede en muchos casos de desaparición,
la familia no tiene ningún documento de la existencia de Claudia, ni
acta de nacimiento ni fotografías, lo que dificulta la intervención de
las autoridades.
“Es un trauma para las familias. Aquí, en la
Montaña, carecemos de documentos y hay muchos niños y adultos que no
tienen registro oficial. Muchos casos no son denunciados porque para
poder denunciar a una persona extraviada es necesario presentar
documentos de su existencia”.
De acuerdo con la Coordinación
Técnica del Sistema Estatal del Registro Civil, en Guerrero hay 300 mil
personas que no tienen acta de nacimiento ni otro documento para
identificarse. De esa cantidad, 60% son niños y 40% adultos.
Dotes y ventasTlachinollan
documentó denuncias en la región de la Montaña de padres que se llevan a
sus hijos a trabajar como jornaleros en otros estados para luego
regresar sin ellos y asegurar que desaparecieron. Otras denuncias fueron
por la entrega de las hijas de entre 12 y 15 años de edad a cambio de
dinero, según la práctica de usos y costumbres.
En algunos casos,
las jóvenes son llevadas a las familias de sus novios a cambio de una
“dote” de 100 mil pesos, lo que la organización no gubernamental
calificó de “un comercio” que propicia la violencia familiar debido a
que los novios consideran a las mujeres un objeto de su propiedad.
La
venta de niñas se mantiene en municipios como Cochoapan El Grande y
Metlatónoc, así como en Atixtlac y Acatepec, considerados entre los más
pobres del país.
En ellos, las familias mantienen a las hijas como una mercancía.
En
2008, en el municipio de Atixtlac, tres niñas de 14, 15 y 16 años de
edad fueron vendidas por cantidades de entre 30 y 50 mil pesos por un
hombre que actualmente es procesado por el delito de trata de personas.
El
hombre se hizo pasar por su padre para venderlas luego de atraerlas
ofreciéndoles trabajos de cinco mil pesos mensuales. Después las obligó a
realizar trabajos domésticos sin salario y en calidad de esclavas.
Fenómeno llega al tercer sitio en el DF
Reportan mil 849 jovencitasCIUDAD DE MÉXICO.- En
su desesperación por hallarla, el hombre acudió en busca de ayuda a las
autoridades para encontrar a la joven veracruzana. Llegó al Centro de
Apoyo a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) del Distrito Federal,
proporcionó los datos de la chica y una fotografía para difundirla en
volantes.
Lo que las autoridades de la Procuraduría capitalina no
sabían en ese momento era que él era su “padrote”. Las investigaciones
del caso llegaron a la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales de la
Procuraduría capitalina, toda vez que tras localizar a la muchacha ella
denunció que era objeto de trata y de explotación sexual; había sido
reclutada en su Estado y traída para prostituirse al Distrito Federal.
De
acuerdo con la fiscal de Delitos Sexuales de la Procuraduría del
Distrito Federal, Juana Camila Rebollar, algunos de los asuntos que
llegaron al CAPEA terminaron en trata.
Ante un fenómeno que crece
hasta convertirse en el tercer delito más redituable, no hay una base
de datos que muestre la dimensión real de la trata de personas y las
organizaciones civiles llevan sus propias estadísticas según reportes
que reciben y la búsqueda de las víctimas principalmente relacionadas
con explotación sexual.
La incapacidad para cuantificar el
fenómeno coloca al CAPEA como el instrumento más viable para
proporcionar un acercamiento al problema, según reconocen activistas
sociales, al registrar un gran número de reportes sobre mujeres
extraviadas o ausentes en riesgo de ser víctimas de trata y explotación
sexual.
Esta base datos tiene desactualizaciones y no posee la
capacidad de investigación en casos relacionados con delitos como trata u
homicidio, ni para saber exactamente cuál es el índice de personas
recuperadas o que aparecen por sí solas.
De 2009 a septiembre de
2011, el CAPEA reportó aproximadamente cinco mil 873 personas
extraviadas, de las cuales mil 849 son mujeres de entre 10 y 26 años de
edad, lo que significa 31.4% del total.
La mayoría de las
personas se han localizado, pero es difícil llevar un conteo exacto
porque muchas veces las familias no reportan cuando vuelven o las
encuentran.
Araceli Becerra, integrante de la Asociación Mexicana
de Niños Robados y Extraviados, manifiesta que el CAPEA es una de las
bases de datos más efectiva, con mayor información, incluso de la que
poseen otras entidades.
Ficha técnica
Las causasEn
cuanto a ausencias voluntarias, el CAPEA reporta que la mayoría de
mujeres de entre 11 y 16 años la causa de su desaparición tiene que ver
con cuestiones de noviazgo.
En el rango de 18 a 35 años, las ausencias se registran en mujeres que viven violencia intrafamiliar.
La
Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas para América Latina y el
Caribe estima que hay 500 mujeres explotadas en el Distrito Federal.