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El saber del artesano como Patrimonio Cultural Intangible

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Los municipios de Tlaquepaque y Tonalá concentran en Jalisco el mayor número de artesanos. S. NÚÑEZ

  • El cambio de materiales y técnicas afecta calidad de piezas
  • ¿Por qué dejamos los jarros para tomar café? Las mercancías de poca calidad ganan el mercado que antes pertenecía a los artesanos jaliscienses

GUADALAJARA, JALISCO (06/FEB/2011).- En Jalisco se cuenta con una herencia cultural vasta, que aún no se logra cuantificar debidamente por integrarse de numerosos y diversos elementos. Por ello se clasifica como Patrimonio Cultural Intangible (PCI).

El PCI es un inventario de bienes con los que convivimos habitualmente, son expresiones y manifestaciones que dan identidad al permitir identificarnos desde nuestra singularidad. También posibilita la vinculación con nuestro pasado a la vez que facilita la continuidad hacia el futuro.

La Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (UNESCO) identifica al PCI como un acumulado de bienes que pueden o no tener valor económico, pero que son relevantes para los integrantes de una comunidad por proveerles de los sentidos de pertenencia, identidad y continuidad con el pasado. Pueden ser prácticas sociales y culturales que se manifiestan en las tradiciones, los relatos orales y escritos, fiesta y rituales, y todo aquello que interpreta y evidencia nuestra presencia y relación con el entorno natural. Dentro de este inventario se encuentra también el conocimiento, el saber hacer que facilita la transmisión de generación en generación de las prácticas antes mencionadas.

La UNESCO ha reconocido la importancia del Patrimonio Cultural Intangible para mantener la diversidad cultural en el mundo. Entendiendo también que el conocimiento distintivo es un baluarte a preservar, ha declarado que es responsabilidad de las comunidades, junto con sus autoridades, encontrar las formas de reconocerlo y protegerlo.

En la Declaración de Yamato se  afirma que el PCI se manifiesta, entre otras prácticas, en  las técnicas artesanales tradicionales porque actividades como esa infunden, entre los que comparten la cultura, un sentimiento de identidad y continuidad porque lo han observado y vivido de generación en generación. La declaración en sus contenidos señala como una prioridad el reconocimiento de los individuos que poseen el conocimiento que hace posible la existencia de esa actividad de identidad histórica y cultural, exige también que se les proteja a los depositarios de ese baluarte. El documento recalca la obligación de los estados afiliados de sensibilizar acerca de la importancia de proteger el Patrimonio Cultural Intangible, que lo dé a conocer y que encuentre los mecanismos necesarios para inventariarlo, preservarlo y resguardarlo.

En esa lógica, es necesario aclarar cada uno de los componentes de dicha Declaración: ¿Cuáles son los contenidos que deben señalarse como parte del PCI? ¿Quiénes son los individuos que poseen aquello valioso y de protección obligada? ¿De qué manera el Estado puede cumplir con los compromisos de Yamato?
Un caso que ejemplifica la manera en que el PCI está presente y puede atenderse en la cotidianeidad son los artesanos de Tlaquepaque, que representan la posesión y generación de saberes especializados aunque habitualmente consideremos que no implica mayor conocimiento. Lo que les permite efectuar su trabajo es esa capacidad y habilidad, que comienza desde que se elige la materia prima y termina con piezas decoradas según la propia experiencia y expresión del autor.

Aunque ese conocimiento no sea intelectual, teórico o reflexivo, es un hecho que es resultado de una serie de nociones puestas en un sistema que redunda en reacciones o productos previstos con antelación. Es decir, el saber-hacer exige una garantía “objetiva” válida para cualquiera, aún cuando exija al artesano aprender conocimientos específicos. Un ejemplo: ¿Por qué crujen las piezas de barro cuando la temperatura del horno se eleva? Porque el barro ingresa húmedo al horno, conforme el agua se evapora va cediendo espacio a la tierra del barro y el reacomodo de los elementos se manifiesta en el crujido. Este es el hecho que la física, como toda ciencia, podría observar. ¿Qué debe hacerse para evitar que ese reacomodo fracture las piezas de barro? Cada artesano puede dar una respuesta que demostrará su pericia en el manejo del hecho físico.

El hecho científico y la destreza para evitar sus consecuencias componen un conjunto seguro en la práctica, por eso el acierto reiterado permite comprobar que efectivamente se sabe o se conoce. Al saber, tanto como al conocer, el sujeto tiene el acierto “amarrado”, “encadenado” a su arbitrio, porque cuenta con una “herramienta” con una “clave” que le permite alcanzar la realidad (Luis Villoro, 2000, Saber, creer, conocer: 206-207).

A esa clave los observadores y consumidores de la artesanía tlaquepaquense la identificamos con la calidad de la pieza, damos por sentado que es la experiencia del autor lo que la hace posible. Sin embargo, es común que no asociemos a la ciencia con la artesanía, que no identifiquemos al artesano como poseedor de conocimientos especializados. Para ubicar la posición de los hombres y mujeres alfareros en el universo del saber humano, utilizaremos la categoría saber tradicional, que da cabida a los conocimientos que se construyen en la práctica cotidiana de una actividad, es un inventario que se va acumulando paulatinamente en los colectivos comunitarios o gremiales, que se hereda y se mejora generación con generación. No cuenta con grandes nombres de inventores o descubridores, es posesión de todos aquellos que lo ejercen e inclusive lo viven día con día.

Ser artesano

Los artesanos y artesanas ejercen un oficio que tiene que ver con la transformación de un bien natural, como es el barro, usándolo como medio de expresión de las formas en que se entiende el contexto en el que se trabaja y se vive. Las artesanías frecuentemente representan las emociones de una comunidad; plasman la historia compartida, las aspiraciones y los ideales de muchos hombres y mujeres. Entender a la artesanía implica entender a sus creadores.

Frente a los embates de la modernidad, el artesanado es un grupo social vulnerable, sus productos ya no son los preferidos por los consumidores promedio porque suele considerarse que son un elemento símbolo del atraso y lo antiguo, ¿Cuándo y porque dejamos los jarros para el café? Las mercancías modernistas elaboradas incluso fuera de México con materiales de poca calidad están ganando el mercado que antes pertenecía a los artesanos.

La alfarería y el modelado son labores que implican una pericia de años en la selección de las materias primas y en la elaboración de las piezas, lo que hace posible que éstas tengan una calidad más alta, además el estilo decorativo que los artesanos locales aplican, suele ser más homogéneo con nuestra cultura e historia. Los municipios de Tlaquepaque y Tonalá concentran en Jalisco al mayor número de artesanos y artesanas, ellos han heredado un cúmulo de saberes que incluso han dado a la región que juntos integran, un carácter de identidad con ese oficio, ambos son los municipios artesanales, alfareros, de Jalisco. A pesar de lo anterior, el mercado ha dictado reglas en las que el precio es el rector de la oferta y la demanda dejando de lado la proximidad cultural, la garantía de calidad o la identificación histórica con el artesanado. Incluso, para los gobiernos locales los artesanos y artesanas suelen reconocer al sector, pero los apoyos nunca son suficientes, a pesar de ser la actividad económica que más personas ejercen por municipio. El prestigio que el oficio de artesano brinda al Estado radica en poseer conocimientos forjados a lo largo de generaciones, con prestigio amplio fuera de Jalisco, con la certeza de ser una labor que genera la permanencia de nuestros más altos valores: la identidad y continuidad de los que hemos sido a lo largo de nuestro devenir histórico. A ese compendio de expresiones, manifestaciones y creaciones que van más allá de lo económico, que nos distinguen de los demás y nos aseguran la permanencia de ser lo que hoy somos, es a lo que se conoce como PCI.

El saber tradicional imbricado en un oficio como el de artesano debe estar reconocido como parte de ese inventario de conocimientos heredados que han proveído a Jalisco de un amplio reconocimiento como productor de alfarería y cerámica, aun cuando el oficio esté en declive en cantidad y calidad. Si miramos al artesanado y sólo vemos un grupo productivo de un impacto menor en la economía local, si vemos un oficio que numéricamente está a la baja, entonces no estamos viendo a los artesanos.

La “protección” de la ley

Luego de conocer en campo las circunstancias actuales del artesanado de Tlaquepaque, particularmente sobre sus condiciones de trabajo y del mercado actual para las artesanías, así como sus relaciones con instancias públicas y privadas que coadyuvan en dicha problemática, se observa la necesidad de inventariar el conocimiento que sustenta a su oficio y capitalizarlo para buscar nuevas vías para introducir sus productos al mercado actual.

El marco jurídico que existe en la legislación jalisciense favorece la protección de la artesanía, tal cual se dice en la Ley de Promoción y Desarrollo Artesanal del Estado De Jalisco (art. 3 fracc. III), donde se señala que es su objeto “recuperar las manifestaciones artesanales propias del Estado procurando la preservación de las ya existentes, así como su difusión”. En el mismo artículo continúa comprometiéndose a “estimular el desarrollo de la enseñanza de la artesanía en los sistemas educativos y los centros escolares”.

Más adelante, en su artículo 6, subraya: “Se consideran como patrimonio cultural, el trabajo del artesano y la producción artesanal que constituyan un cuerpo de saber, habilidad, destreza, expresión simbólica y artística, con un significado relevante desde el punto de vista de la historia y de la identidad del Estado”.

En el Instituto Jalisciense de la Artesanía, dentro sus funciones reconocidas en su artículo 21, fracción IV, se destaca el compromiso de: “Promover una política de educación artesanal que prevea la creación de talleres escuela y centros de capacitación, donde se impartan conocimientos sobre el conjunto de disciplinas relacionadas con la producción, administración y comercialización artesanal; así como fomentar la participación del artesano en esta actividades”.

En el Reglamento de la Casa del Artesano, sus objetivos sustantivos son “promover la comercialización, desarrollo y capacitación de artesanos de Tlaquepaque, así como la de preservar la identidad cultural, rescatar las costumbres y tradiciones del pueblo de Tlaquepaque, promoviendo de manera eficiente el desarrollo de la industria artesanal. (Reglamento para el uso y funcionamiento de la Casa del Artesano del Municipio de Tlaquepaque. Publicado en la Gaceta Municipal el 31 de diciembre de 2000).

En los artículos citados queda implícito la declaración del valor del conocimiento que hace posible la labor del artesano; sin embargo, no se determina la forma en que esto pueda concretarse. En la experiencia en campo, nos hemos encontrado con que se privilegia el conocimiento nuevo, el que el artesano puede adquirir, dándose preferencia a cuestiones de administración, incluso algo de diseño y manejo de materiales.

La propuesta: renovar la identidad

La renovación de la identidad del artesano responde al proceso de sensibilización que facilite el trato respetuoso a los maestros artesanos, el cuidado y preferencia hacia sus productos. La capacitación del artesano en el manejo de los documentos de la UNESCO les ofrecerá nuevas formas de entender su práctica, les informará de las alternativas de negociación que pueden utilizar en diferentes planos y les animará a considerar que su saber hacer merece ser heredado. Lograr que los artesanos conozcan las propuestas de la UNESCO para diseñar las estrategias que le permitan revalorar sus saberes, renovar su práctica, sus productos y sus formas de relación con instancias públicas y privadas.

Los artesanos están compitiendo en condiciones de desventaja por posicionarse en un mercado competitivo que ha desvirtuado a la artesanía, ésta ha dejado de ser un bien cultural para concentrar su valor como mercancía. Para los artesanos se impone la necesidad de diversificar su oficio, inclusive abandonarlo, dejando el paso a la inclusión de artefactos elaborados con insumos y técnicas de escasa calidad.

La identidad alfarera de Tlaquepaque se diluye ante el paulatino abandono de la labor artesanal. El patrimonio cultural de los jaliscienses está en riesgo de perder una buena parte de sus bienes materiales e inmateriales. Enfatizar al saber del artesano le dará la capacidad de reconocer en su oficio una labor valiosa y determinante para la identidad cultural del Estado, serán capaces de gestionar mejores condiciones de producción y distribución de sus productos, manejarán esquemas de mercado alternativos a los que ahora practican. La propuesta deriva de un ejercicio de investigación y se proyecta como una forma de integrar los entornos al desarrollo potencial y la cultura local.

El contacto frecuente con el artesanado de Tlaquepaque permite ver que ese oficio está diluyéndose: muchos abandonan el oficio y otros más cambian materias primas o técnicas de elaboración, lo que impacta en la calidad de las piezas. Entender a la artesanía y a sus productores como los depositarios del conocimiento que nos ofrecen, deben ser considerados Patrimonio Cultural Intangible, deben ser atendidos como tal y promover desde el enfoque de la UNESCO nuevas formas de vinculación, de mejoramiento y difusión entre los artesanos, las autoridades locales y los jaliscienses en general.

Los artesanos y artesanas saben que los consumidores deben entenderlos en la totalidad de su oficio: arte, tradición, calidad e identidad.

Es imprescindible generar espacios de diálogo entre las y los artesanos de Tlaquepaque orientados a proponer estrategias sectoriales que les permitan adecuar las condiciones de producción, distribución y consumo de las artesanías, ante las condiciones del mercado actual y potencial.

Finalmente, se debe enfatizar que si bien la legislación debe ajustarse para efectivamente proteger al PCI, es una labor más ardua la que nos corresponde como sociedad, como responsables de que nuestro patrimonio se preserve. Debe ser un compromiso de cada jalisciense mejorar la relación entre los artesanos y su entorno social, vecinos y familiares entenderán la relevancia de su trabajo, se promoverá el respeto, la tolerancia y el reconocimiento de la labor del artesano. A los jaliscienses nos corresponde reconocer y respetar la labor ancestral de los hombres y mujeres de barro.

Por: María Estela Guevara Zárraga, doctora en antropología social y académica de la UdeG.

CRÉDITOS:

EL INFORMADOR / VGMC
Feb-06 05:56 hrs

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