CAGAYAN DE ORO, FILIPINAS (18/DIC/2011).- Los equipos de rescate buscaron hoy en el mar y en casas anegadas a
cientos de personas desaparecidas tras las inundaciones que afectan al sur de
Filipinas, donde la cifra de víctimas mortales llega ya a 653.
La
Cruz
Roja local tiene datos de 808 personas desaparecidas, incluidas 447 en la ciudad
de Iligan y 347 en la de Cagayan de Oro, mientras que en las listas del Centro
Nacional de Prevención y Respuesta a los Desastres la cifra es de 281.
La
diferencia en los datos se debe a lo difícil de recabar información, debido a la
extensión de los daños causados por la tormenta tropical "Washi" en las regiones
de Mindanao y Visayas.
Hay áreas donde los equipos de rescate no han
comenzado a entrar hasta hoy y otras zonas en las que todavía hay casas
sumergidas que nadie ha revisado.
Una mujer relató a la radio local que
cuando el nivel del agua comenzó a subir, el viernes pasado, se aferró a un
neumático junto con otros vecinos y acabaron arrastrados por el torrente en una
playa a 32 kilómetros de distancia.
Más de 80 cadáveres han sido
encontrados en las playas de las provincias de Misamis Oriental y Lanao del
Norte.
Hasta el momento, 552 personas han fallecido en las localidades de
Cagayan de Oro e Iligan y el resto de las víctimas mortales se han registrado en
las provincias de Bukidnon, Negros, Compostela Valley y Zamboanga del
Norte.
Cagayan de Oro, con medio millón de habitantes, es la capital de
Misamis Oriental, mientras que Iligan, con 318 mil, pertenece a Lanao del
Norte.
El número de damnificados es de 106 mil 476, de los que 34 mil 911 se
encuentran en 30 centros de acogida, de acuerdo con el Consejo Nacional de
Prevención y Respuesta a Desastres.
El director de esta agencia, Benito
Ramos, señaló que los afectados necesitan urgentemente agua potable y que luego
precisarán asistencia para reconstruir sus vidas.
La Cruz Roja local
calcula que las personas que necesitan ayuda ascienden a 400 mil.
Cely
Asinero y su familia abandonaron su casa de una planta cuando el nivel del agua
había alcanzado un metro de altura y se refugiaron en la vivienda de su hermano,
según la edición del diario local "Inquirer".
Creyeron que en esa casa,
de dos pisos y la más alta de la aldea, estarían a salvo, pero tuvieron que
hacer un hueco en el techo para subirse al tejado, donde se ataron entre ellos
con sábanas.
Todos los muertos examinados hasta la fecha perdieron la
vida ahogados, menos los cinco de Compostela Valley.
Se trata de Rosita
de la Peña, de 57 años; los tres chicos de 4, 6 y 14 años que tenía a su cargo y
el minero Julio Limactod, que fallecieron sepultados por una avalancha de
tierra.
Mientras los cadáveres se acumulan en las funerarias de Cagayan
de Oro y no pueden ser embalsamados porque primero hace falta restablecer el
servicio de agua, la prensa local, expertos y parte de la población se han
enzarzado en un batalla dialéctica con las autoridades sobre quién ha tenido la
culpa de la catástrofe.
"Con un día de antelación no es suficiente (...)
Los primeros boletines de la tormenta son del jueves, con un pronóstico de que
golpearía Filipinas el sábado o el domingo", indicó la columnista Nini B.
Cabaero en el "Sun Star".
"Pero el jueves por la noche, las lluvias
comenzaron y hallaron desprevenidas a familias en varias provincias de Visayas y
Mindanao", añadió.
Las autoridades mantienen que la culpa es de la
población porque se confió, pese a las alertas oficiales.
"Mindanao no es
una zona habitual de tifones y muchos residentes fueron sorprendidos sin haberse
preparado", afirmó el presidente de la Cruz Roja local, Richard Gordon, quien
tiene previsto viajar a la zona afectada el lunes.
Entre la tarde del
viernes y la madrugada del sábado, "Washi" descargó en Mindanao más cantidad de
agua que todo la recogida en la región durante un mes de la estación
lluviosa.
Los expertos de las agencias internacionales identifican el
chabolismo como el principal factor del gran número de víctimas que causan en el
país los desastres naturales y que evidencian el mal estado de las
infraestructuras.
La incontrolada deforestación también favorece las
riadas y avalanchas de tierra, que son frecuentes durante la estación lluviosa,
la cual por lo general comienza en mayo y concluye en noviembre.