- La diputada, Malalai Joya de 33 años, ya ha sobrevivido a cinco tentativas de asesinato
Cientos de miles de afganos viven con el miedo de salir a las calles, por la vuelta de los talibanes en Afganistán
KABUL, AFGANISTAN (07/OCT/2011) - Con apenas 17
años, Roya Shams ya no sale de su casa de Kandahar, en el sur de Afganistán, por
miedo a ser asesinada por los talibanes, cada vez más visibles diez años después
de haber sido expulsados del poder.
"Si salgo, me matarán, porque para
ellos soy un problema", cuenta esta joven, instruida y con un buen nivel de
inglés. Como cientos de miles de afganos, vive con el miedo a un regreso de los
fundamentalistas, que han prohibido la escuela a las niñas, impuesto el burka a
las mujeres y forzado a las que trabajaban a dejar su empleo.
Porque los
talibanes están hoy de vuelta en gran parte del país y son ellos quienes han
matado a su padre, policía, en julio del año pasado. Luego enviaron a su familia
cartas de amenaza en las que exigen a la joven dejar sus estudios y su empleo de
profesora de inglés.
"Mi familia me dice: mira lo que le hicieron a tu
padre, te harán lo mismo", cuenta por teléfono. Pero ha decidido resistir:
estaré "contenta de sacrificar mi vida por mi país" si es
necesario.
Varias políticas afganas subrayan que un gran número de jefes
de guerra aliados al presidente Hamid Karzai no son mucho más adeptos de la
causa de las mujeres que los talibanes. Como Malalai Joya, antigua diputada, que
fue excluida del Parlamento en 2007 por haber dicho en voz alta lo que muchos
afganos piensan por lo bajo, al denunciar la presencia en sus filas de "lobos
disfrazados de corderos".
Joya, de 33 años, ya ha sobrevivido a cinco
tentativas de asesinato. Ya no se desplaza sin guardias armados y cambia a
menudo de vivienda, alternando entre diferentes residencias
ultravigiladas.
La presencia occidental en Afganistán "nos ha hecho ir de
mal en peor, porque ha reemplazado a talibanes terroristas, fundamentalistas y
misóginos por jefes de guerra que tienen la misma mentalidad que ellos",
lamenta.
Hacer avanzar los derechos de las mujeres era sin embargo uno de
los objetivos de los Occidentales a su llegada hace diez años. Y esto ha sido
efectivamente el caso en algunos ámbitos, como la educación, unos progresos sin
embargo a menudo limitados a las ciudades.
Según la ONG británica Oxfam,
2.7 millones de niñas afganas están hoy escolarizadas, frente a unas miles que
no recibían más que la educación religiosa con los talibanes.
Niñas de
camino al colegio y mujeres vestidas elegantemente forman hoy parte del día a
día de las calles de la capital, Kabul, lejos de los pueblos en los que dominan
el analfabetismo y la tradición y la rebelión está más presente. Según un sondeo
efectuado por la ONG ActionAid, el 72% de las mujeres afganas estiman que su
vida es mejor hoy que hace 10 años.
Pero las prácticas tradicionales como
las bodas de niños, los crímenes de honor o el don de un chica para arreglar un
conflicto siguen siendo muy comunes, y las tentativas de suicido de chicas que
quieren escapar a su suerte, numerosas, subrayaba la ONU en diciembre
pasado.
Según ActionAid, el 86% de los afganos temen hoy un regreso de
los talibanes al poder, sobre todo cuando las tropas de combate de la OTAN hayan
abandonado el país, en principio a finales de 2014.
Y temen que los
occidentales, que llamaron a negociar con los talibanes, privilegian un eventual
acuerdo político con ellos para asegurarse una salida honrosa del país, en
detrimento de las garantías sociales para las mujeres que podrían disgustar a
los fundamentalistas.
"¿Cómo será nuestra vida en los próximos diez
años?", se pregunta uno de los autores del informe de Oxfam, la afgana Orzala
Ashraf Nemat. "La vida es cada vez más dura para las afganas. Quieren la paz, no
un acuerdo (político) que nos encerrará de nuevo en casa".