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''Los latinoamericanos somos mejores como cuentistas''

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  • Luis Felipe Lomelí, antologador del tercer tomo de ''Sólo cuento''
  • El jalisciense Luis Felipe Lomelí es el antologador del tercer tomo de ''Sólo cuento'', la colección que publica la Dirección de Literatura de la UNAM

GUADALAJARA, JALISCO (25/NOV/2011).- “Las antologías son como una fiesta”, se apresura a decir Luis Felipe Lomelí cuando explica su experiencia más reciente en este campo: invitas a los que conoces, a los que nunca habías tenido cerca y a mucho desconocido… y luego ya no caben en la casa. Al escritor jalisciense (Etzatlán, 1975) le tocó ser el antologador de Sólo cuento III, el más reciente tomo de la serie dedicada al relato que publica la Dirección de Literatura de la UNAM desde el año 2009, esta vez con textos de 32 autores iberoamericanos: como en una fiesta, varios habituales, y muchos más que eran los desconocidos y resultaron ser de los más divertidos.

“A más de la mitad yo no los conocía”, admite el anfitrión Lomelí, en entrevista sobre esta antología que él y Rosa Beltrán presentarán en la FIL el sábado 26. “Leí más de 300 cuentos, y cedieron su espacio muchos amigos mexicanos, aunque hubo mucha colaboración: ‘Mira, hermano, tú no vas a estar porque ya te conocen; ¿cómo ves si me pasas los datos de alguien más, que sea menos conocido?’. Me pasaron datos de gente extraña, así que hay cuentistas de Paraguay, de Guatemala, de Venezuela, lo que es poco común en las antologías de cuento, digamos que un poquito fuera del mainstream”.

Lo que Sólo cuento III permite es el contacto con un panorama de novelistas que, en realidad, son mejores cuentistas, según Lomelí, aunque el mercado editorial los conozca poco en este género. Y, en el fondo, el antologador identifica como posible rasgos comunes que se trata de cuentos más interesados por el contenido que por la forma: “Diría que todos atienden a la condición humana, de maneras casi brutales; son cuentos que tienen que ver mucho con la vida, no tanto con esta cuestión de escribir algo que esté bien bonito aunque no diga nada; hay un deseo de explorar por qué lloramos, qué nos une, qué nos duele, por qué amamos-por qué odiamos”.

—¿Cuán de acuerdo está usted con la lectura de que el cuento se ve “discriminado” por el mercado editorial?
—Creo que eso es una cuestión de sociología literaria. El cuento es una creación americana y los americanos en general somos muy buenos cuentistas. Lo puedes ver hasta en los concursos: llegan diez novelas y nada más tres son buenas, pero en los de cuento llegan decenas y la mayoría son maravillosos. Los americanos somos cuentistas natos; la bronca fue que, por las dictaduras militares y otro tipo de cuestiones, desaparecieron casi todas las editoriales latinoamericanas. Por otro lado, muchos de los académicos y escritores tienen la visión gringa de que un cuento es la preparación para una novela, aunque no lo sea; y ya la gota que derrama el vaso viene a ser que, en los últimos 20 años, las editoriales españolas se hicieron del mercado latinoamericano y lo que piden, yo no sé por qué, son novelas. Los españoles, en general, no saben escribir cuento. Yo diría que los cuentistas no han “revivido” para la industria editorial. En todo caso, han revivido gracias a Internet, igual que la poesía y que el teatro: allí puedes publicar independientemente de que alguien quiera publicarte.

—La edición subraya una cita de Rubem Fonseca en el sentido de que el cuento es un género que pone una “prueba máxima” al narrador. ¿Diría usted que sigue siendo así de importante? ¿Que, aunque el narrador deba escribir novelas para que lo publiquen, de todas maneras debe escribir muy buenos cuentos?
—No sabría cómo contestarlo; sé que, más que la prueba máxima, el cuento es la forma natural de expresión de los americanos. Se nos da muy fácil, toda esta cuestión de la sorpresa y la epifanía ante algo cotidiano; narrar procesos, que sería el caso de la novela, ya nos cuesta más trabajo. Los latinoamericanos somos mejores como cuentistas. Los mexicanos de mi generación, por ejemplo, los nacidos en los setenta, todos somos mejores cuentistas que novelistas: Antonio Ortuño, Tryno Maldonado, Guadalupe Nettel… Y, de los que están en la antología, eso sí lo puedo decir: Piglia, Paz, Gamboa, a todos los conocemos como novelistas, cierto, pero ellos mismos extrañan su parte cuentística, extrañan que no se los lea como cuentistas.

—¿Quedó fuera de este tomo algún texto que ahora le parece que debía estar?
—Sí, un montón. Lo padrísimo de este proyecto de la UNAM es que sale cada año: hace poco me estaba carteando con Eduardo Antonio Parra, que está haciendo el cuarto tomo, y le dije: “Si te faltan autores, a mí me sobraron”, y le mandé los que considero más importantes. Pues empezó a decirme: “Ya hablé con tal, éste ya me mandó su cuento, éste quedó de enviármelo y no lo ha hecho…”. Coincidimos en varios. Hubo dos cuentistas salvadoreños muy buenos que quedaron fuera cuando yo hice mi primer corte de la antología: resultó que tenía más de 60 textos cuando nada más cabían 30. Te digo que es como una fiesta, como las bodas o los quince años: uno cree que puede invitar todo el mundo…

Experiencias de antologador
Federico Guzmán Rubio, “Las mañanitas”

De los mexicanos, traté de que fueran menos, o más desconocidos, pero, por ejemplo, me pasó con Federico Guzmán, que por cierto acaba de publicar un libro de cuentos en España. Me lo sugirieron y dije: “No, ya no quiero mexicanos”, pero luego lo leí, y no: este cuento tenía que estar.

Ricardo Piglia, “El joyero”
Por alguna extraña razón, él fue el único al que le pregunté cuál de sus cuentos prefería, y coincidimos. Teníamos dos y él decía: “Si no hay espacio, usa ‘Como pez en el agua’, pero ‘El joyero’ es mi favorito’”. Él mismo lo dijo.

Héctor Abad Faciolince, “La guaca”
No era el cuento que más me gustaba, pero poco a poco me fui convenciendo. Con todo lo que escribe Abad pasa esto, que uno se va encariñando de una manera muy extraña con sus personajes, poco a poco. A la hora de la hora, me di cuenta de que el texto sí funciona.

Juan Carlos Rodríguez, “Portland on my mind”
Ése es un cuento extraordinario, a mí sí me parece una joyita: todo cuadra, todo encaja, todo está ahí, en dos paginitas.

Curador literario
Luis Felipe Lomelí fue invitado también como “curador” de una exposición sobre grandes escritores jaliscienses que estará abierta en la FIL. Están, dice él, “todos los monstruos”, es decir Agustín Yáñez, Mariano Azuela, Juan José Arreola, Francisco Rojas González, Guadalupe Dueñas, López Portillo y Rojas y Vicente Leñero, entre otros. Lomelí admite que se trató de un ejercicio que terminó acercándolo de nuevo a varias auténticas glorias de las letras mexicanas: “Cuando uno agarra cualquier libro de Yáñez… bueno: el tipo sí era un genio. Yo creo que sí puedo decir que soy agustiniano”.

Sábado 26
19:00 horas
Presentación de Sólo cuento III
Salón Alfredo R. Placencia

CRÉDITOS:

Informador Redacción / LEER
Nov-25 23:33 hrs