Guadalajara, Jalisco

Domingo, 8 de Noviembre de 2009

Actualizado: Mar-07 18:53 hrs

Kinetoscopio

Sean Penn es el protagonista de Milk. AP

  • Guillermo Vaidovits

Idealismos

Los distribuidores de la película en México decidieron ponerle un título extenso que ayude a distinguir los tres pivotes dramáticos del argumento. De ese modo el escueto nombre Milk del original acabó siendo para nosotros Milk: un hombre, una revolución, una esperanza. Declaración en plan recitativo que quiere causar la impresión de que se tocan temas importantes, independientemente de lo que signifique la primera palabra. La mención: “un hombre”, proclama, junto a la naturaleza humana en general, el hecho de que el personaje central es homosexual. El disimulo no lo comparte la trama, ya que resulta mucho más franca al respecto. Casi al principio vemos al protagonista, muy coqueto, ligar a un joven en las escaleras de una estación del metro, lo cual incluye que de inmediato se besen apasionadamente. Desde ese punto en adelante, la homosexualidad se representa sin tapujos ni aspavientos, pero también sin desplantes chocantes.
 
La segunda revelación: “una revolución”, da pistas sobre la lucha que emprende el personaje por sus derechos. Harvey Milk se transforma en un activista gay que pretende obtener un puesto público para impulsar leyes más liberales que amparen y beneficien a su comunidad y a otros grupos marginales. Este ingrediente de la película, de carácter ideológico e histórico, en realidad constituye la columna vertebral de la historia. A partir de él podemos observar los acontecimientos como la crónica de una muerte anunciada. La secuencia de títulos introduce el tema mediante imágenes de viejos documentales que registran las redadas de la policía en bares y centros nocturnos en busca de homosexuales. Luego el protagonista, en la soledad de su cocina, graba una declaración en la que dice quién es, lo que hace, y el peligro de muerte que le acecha. Después otro fragmento documental informa que Milk y el alcalde de San Francisco fueron asesinados. Ese planteamiento devela de antemano el final y a la vez establece un tenue suspenso en todos los sucesos que le siguen.

El tercer anuncio: “una esperanza” viene a ser como la enseñanza que desea ofrecer la película. La lección rebasa cualquier cuestión sexual y, como buen entretenimiento hollywoodense, parece tener un propósito inspirador. Siempre que haya convicción y entereza se puede cambiar la vida, la política, o la sociedad. Aunque suena un poco anticuado y convencional, el filme lo repite con bastante dignidad, y proporciona con ello un desenlace bastante satisfactorio.

Gus Van Sant es un director que se ha distinguido por un manejo original de los recursos cinematográficos. Eso significa que a veces sus películas son detestadas por amplios sectores del público. Sin embargo, en esta ocasión dejó de lado sus inquietudes experimentales y ha creado un producto que, si bien tiene un contenido que no a todos interesa, en el plano narrativo es bastante accesible y despliega un discurso políticamente correcto, que pocos podrán rebatir.    
    
Milk: un hombre, una revolución, una esperanza (Milk), EUA, 2008; Dirección Gus Van Sant; Guión: Dustin Lance Black; Actuación: Sean Penn, Josh Brolin, James Franco, Diego Luna.
CRÉDITOS: Informador Redacción / OOCH Mar-07 18:53 hrs

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