Guadalajara, Jalisco

Sábado, 21 de Noviembre de 2009

Actualizado: Nov-07 00:00 hrs

Flavio Romero de Velasco

Trigo sin paja

Bush es el primer presidente agresivamente religioso de la historia norteamericana. Ni George Washington (presidente episcopálico), no Tomás Jefferson (deista anticlerical), ni John F. Kennedy (católico), ni Richard Nixon (cuáquero), ni siquiera Jimmy Carter (bautista), manipularon la fe con propósitos políticos. George W. Bush, en cambio, actuó según su propia confesión guiado por la mano de Dios. “Mi misión –declaró a la prensa– es parte del plan maestro de Dios”.

A su asesor Karl Rove, le dijo: “Estoy aquí por una razón; yo no consulto a mi padre; sería el padre equivocado; yo apelo a un padre más alto”. La situación creada por el presidente Bush propició que su país fuera temido y odiado como nunca antes por toda la Humanidad. La situación que creó con sus cohortes de cristianos renacidos, neoconservadores estrábicos, nacionalistas militantes y militaristas, puede aún conducir a una conflagración mayor en toda la región. No cabe duda: un hombre público poseído de la ebriedad de un Dios, es capaz de profanarlo todo.

La felicidad está hecha de cosas pequeñas: el fugitivo instante en que su mano rozó nuestra mano; el sencillo manjar de una mesa pobre; el recuerdo de cosas idas que jamás se van. Es de extrañar que en la verdadera felicidad no hay cosas de fama o de dinero, pero sí gente y cosas buenas: nuestra esposa, nuestros hijos, nuestros amigos, un perro, algunos libros, y las imágenes imperecederas de hondos efectos, que habiéndosenos adelantado en el viaje ineludible, permaneces aún en el claustro de la memoria.

En las islas y las costas del Caribe, los piratas eran más temidos que los huracanes. En las fértiles tierras americanas florecían el oro, la plata, el azúcar, el algodón y otros prodigios, y los piratas estaban especializados en la sustracción de todos estos frutos, y por mérito de sus afanes fueron incorporados a la nobleza británica.

La reina Isabel I fue socia del temible Francis Drake que llegó a darle una ganancia del cuatro mil seiscientos por ciento sobre sus inversiones, y la reina lo hizo Sir, al igual que el tío de Drake, John Hawkins, con quien también se asoció cuando compró trescientos esclavos en Sierra Leona que fueron vendidos en Santo Domingo. Sus tres naves volvieron a Londres cargadas de azúcar, pieles y jengibre. A partir de entonces, el tráfico negrero fue un gran negocio para Inglaterra que llegó a ocupar el primer lugar en el tráfico de esclavos.

Don Efraín González Luna dijo: “En México no hay tarugadas sin seguidores.
CRÉDITOS: Flavio Romero de Velasco Nov-07

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