El Presidente Felipe Calderón ha convocado a un pacto por el crecimiento y el empleo. Sin embargo la convocatoria carece de una propuesta de políticas públicas determinadas, es mas bien una invitación al diálogo. Una forma de distender las relaciones con los sectores productivos a los que hace unos días regañaba por su falta de pago de impuestos, según dijo en Puerto Vallarta; un acercamiento con el Congreso a unos días del gran debate del Presupuesto de Egresos de la Federación, que seguramente sufrirá cambios en el proceso legislativo. Una pequeña tregua entre los partidos que en 2010 disputarán elecciones cruciales para la sucesión presidencial de 2012. Ante los hechos es legítimo preguntarse: ¿Es parte de un plan para reformar las instituciones o simplemente una estrategia política de coyuntura?
Para responder, vale la pena analizar por qué el Ejecutivo convoca ahora a un pacto amplio a las fuerzas políticas, económicas y sociales. Las razones más probables son:
1. La situación es más complicada de lo que parece a simple vista y el Presidente necesita del respaldo más amplio posible para el año próximo en el que se combinan dificultades económicas y procesos electorales.
2. La situación política de la administración y su partido exige una estrategia que pueda trasmitir el respaldo popular a las causas partidistas, y para ello es necesario impulsar un programa de gasto estratégicamente dirigido con fines políticos.
3. Al fracasar la propuesta de reforma fiscal el Ejecutivo se da cuenta del poco respaldo que tiene para impulsar otras leyes que detonen la actividad económica, y está ahora dispuesto a establecer una actitud más abierta para lograr que pasen sus propuestas en materia energética, educativa y laboral. El precio que puede pagar es tan alto como el fortalecimiento real de las administraciones estatales que se convierten en motores de acción política local del PRI y del PRD.
4. Convocar un pacto antes de haberlo cabildeado, luego de los graves incidentes en la discusión de las leyes hacendarias recién aprobadas, muestra un desgaste y hasta debilidad que debe ser corregida para fortalecer la capacidad de la Presidencia, que parece estar en el famoso quinto año de Gobierno, en el que se pierde una buena parte del poder real, cuando en realidad se vive el tercer año del mandato.
5. Se trata de una maniobra política para distender la presión generada entre los factores de poder, encaminada solamente a lograr la aprobación del presupuesto de egresos de la mejor forma posible.
Parece obligada la referencia a los viejos pactos de los tiempos de Miguel de la Madrid, y Carlos Salinas, que se anunciaban una vez que las grandes decisiones estaban tomadas y acordadas con los factores de poder real. Mecanismos de legitimación de medidas estructurales que exigían grandes esfuerzos. En este caso el pacto al que se convoca carece de un documento o acuerdo propuesto que se conozca. Sino que más bien se expresa una declaración de intención de dialogar.
Las reacciones iniciales muestran disposición del sector privado, las fuerzas políticas toman posiciones mas tendientes al diálogo, pero lo que no vemos es el contenido con el que se llenarán estas intenciones de concordia. Si la situación económica se complica, no hay duda que podremos ver acuerdos que hasta hace poco tiempo eran impensables. Si se trata de una estratagema de coyuntura, el precio del desgaste político será muy grande.
LUIS SALOMÓN / Doctor en Derecho.
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