La gran interrogante es qué va a traer consigo la crisis del sistema financiero de Estados Unidos y de casi todo el mundo.
Hoy estamos mejor parados que en otras ocasiones para enfrentar una crisis como la que viene, pero eso es cierto en parte. Cuando lo que se pierde es la confianza, no hay reservas en divisas que alcancen, ni Banco de México que detenga una estampida, ni la inflación bajo control frena una caída. Por eso es tan importante que los funcionarios del Gobierno nos hablen con la verdad y no se anden con medias tintas con explicaciones que ya nadie cree.
El asunto es bastante más serio que la irresponsabilidad de unos cuantos banqueros que subdividieron sus hipotecas y las vendieron por el mundo a otros financieros y banqueros.
¿Hasta dónde están envenenadas las finanzas mundiales, debido a la suma de trampas para aumentar de manera artificial el valor de las acciones que se cotizan en las bolsas? Lo que sí hay es el fin de una euforia sustentada en una economía ficción, sin ética.
La crisis de las hipotecas nos ha recordado que nada que tenga que ver con los seres humanos puede funcionar correctamente sin un grado mínimo de ética. ¿Cómo es que una persona puede incrementar su fortuna personal en miles de millones de dólares en unos cuantos meses, sin haber creado un solo puesto de trabajo? Una persona o un grupo de accionistas pueden enriquecerse hasta la opulencia sin aportar un solo peso a la riqueza nacional de su país.
China es el país que los analistas internacionales señalan como el nuevo súper poder. Sí y no. Su crecimiento económico depende en gran medida de la economía de Estados Unidos. Es el principal socio comercial de la Unión Americana: hacia allá va el grueso de sus exportaciones. A Estados Unidos le va a ir muy mal, y por lo tanto también le va a ir mal a China. Sus bancos han invertido miles de millones de dólares en instituciones financieras de Estados Unidos. Gran parte de sus inversiones están en Bonos del Tesoro de Estados Unidos. China tiene 15% de la deuda pública de Estados Unidos.
China ha visto el peligro, y no lo toma a la ligera. El momento se acerca en que retirará, en parte, sus capitales de Occidente, para ocuparse de ella misma. Será ahí cuando el mundo temblará.
¿Qué pasa si China decide usar sus fondos que tiene en Occidente para sostener su bonanza económica y ahuyentar los riegos de una caída del régimen comunista?
Al menos durante 2009 no hay expectativas de recuperación; y las que se pueden vislumbrar a partir de 2010 son azarosas. Los mercados de vivienda todavía no han tocado fondo y de su ajuste final dependerá en parte el cambio de tendencia; y la ausencia de crédito dificulta la eficacia de las políticas de inversión pública. Los espasmos bursátiles reflejan este nefasto cúmulo de incertidumbre.
CARLOS CORVERA / Analista político.
Correo electrónico: corveracmx@hotmail.com