GUADALAJARA, JALISCO (09/AGO/2010).- La pasada carrera de F1, en el circuito de Hungría
tuvo un momento crucial, opacado por el sensacionalismo, pero que para mí,
amante de la mecánica y el automovilismo en sí, significó el regreso de una era
casi olvidada.
Me refiero, por supuesto, al rebase que Rubens Barrichello
realizó en la recta principal a Michael Schumacher. La referencia obligada es la
maniobra antideportiva del ex campeón, pero para mí, hubo algo más allá, el
rebase en sí y lo que vendrá después.
Me explico más claramente. Michael
Schumacher trae un automóvil equipado con un motor Mercedes, Rubens Barrichello
en su Williams usa una planta de poder Cosworth.
Hablar de Cosworth me
lleva a tiempos pasados. Si un fabricante de autos quería participar en la
categoría reina, tenía dos caminos: desarrollar su propio motor como lo hicieron
Ferrrai y Alfa Romeo, o comprar el motor Cosworth, altamente competitivo. Ver
una parrilla de arranque con 20 autos en la que 18 de ellos se equipaban con
motores Cosworth no era extraño en aquellos tiempos.
El motor,
desarrollado a partir del bloque de Ford, era una maravilla de confiabilidad y
potencia, en aquellos tiempos de inyección mecánica, árboles de levas movidos
por cadenas, frenos de acero y soluciones ingeniosas que daban la diferencia en
la llegada. No se puede creer que haya personas tan ingenuas que piensen que por
traer el mismo motor todos los autos tenían las mismas probabilidades de ganar.
La diferencia en chassises, cajas de velocidades, aerodinámica, frenos,
elementos suspendidos o no suspendidos, suspensiones y mil elementos más, hacían
una gran diferencia. baste aceptar que cuando empezó esta era, los autos eran
carburados y tenían el perfil semejante a un cigarro, con llantas de dibujo para
todas las pistas.
La época romántica de Cosworth habría de terminar
cuando llegaron las cafeteras amarillas.
En los últimos años de la década
de 1970 la firma francesa Renault quiso incursionar en las carreras de F1.
Tuvieron que diseñar su auto dese el principio, porque lógicamente no iba a
emplear un fabricante europeo un motor americano.
Aquí la incógnita: el
reglamento permitía motores de 3,000 centímetros de desplazamiento, alimentados
por aspiración directa de la atmósfera, o bien, 1,500 centímetros turbocargados.
Desarrollar un motor de 3,000 centímetros aspirado les llevaría a enfrentar los
mismos problemas que en ese momento enfrentaban los ingenieros de Ferrari y
Cosworth, tomar el camino del motor turbocargado les prometía mayores logros y
problemas nuevos, ante todo, que ya habían cosechado la victoria en Le Mans con
un auto Renault con motor turbo de 2,000 centímetros. El reto era extraer de un
1,500 la misma potencia y confiabilidad que ye habían logrado con el 2,000. Un
reto con todo el perfil de pesadilla para cualquier ingeniero que se precie de
serlo. En el gran premio de Silverstone de 1977 debutó su primer F1 en toda
forma.
Vinieron años de lucha, experimentos, desarrollo y fracasos. Los
“Yellow tea pots” (cafeteras amarillas, así llamados por su propensión a hervir)
eran la burla de todos los equipos, hasta que llegó el Gran premio de Francia en
Gijón, el año de 1979. Un duelo inolvidable entre el Renault RS10 de René Arnoux
y el Ferrari del malogrado genio del volante Gilles Villeneuve por el segundo
lugar, opacando incluso el primer lugar del otro Renault al mando de Jean-Pierre
Jabouille y con él acababa el reinado de Cosworth.
Al finalizar este
memorable gran premio, el viejo Enzo Ferrari ordenó detener el desarrollo de sus
motores normalmente aspirados para cambiar hacia motores turbocargados de 1,500
centímetros. Todavía Cosworth lucharía algunos años ante el embate cada vez más
pronunciado de motores turbo: Ferrari, BMW y hasta Hart, que tomó su motor de
fórmulas interiores para turbocargarlo y equipar a una escudería con pocos
éxitos en la pista, pero gran valor deportivo. Díganlo si no, quienes recuerdan
que en esa escudería debutaron valores como Dereck Warwick o un tal Ayrton Senna
da Silva.
No tardó mucho en ser una realidad: para ganar carreras en F1
se necesitaba un motor turbo y con ello, Cosworth quedó desplazado hacia
categorías inferiores.
El rebase de Rubens Barrichello al airado kaiser
Schumacher es un símbolo: La renovación de una marca, el primer zarpazo de un
nuevo león, heredero de toda una dinastía, ante la resistencia de quien fue,
sigue siendo pero no puede renovar su blasón.
Cosworth está nuevamente en
la lucha. Les llevará tiempo alcanzar el nivel de los motores actuales, pero no
podemos dudar del genio de Frank Williams para proveerlo de un chasis realmente
competitivo. Ya vendrá el próximo año con modificaciones que hoy por reglamento
no pueden llevarse a cabo (en lo personal considero que la suspensión “pull-rod”
al estilo Red Bull aparecerá en otras marcas) y con esta nueva generación de
chassises unas nuevas parrillas de salida con nombres que hoy se encuentran en
lugares menos destacados.
Por lo pronto, hay que poner un ojo a estos
motores, todo lo que agregue competitividad a la F1 es bueno.
Adrián
Castañeda