Durante la competencia de taekwando la porra mexicana tuvo gran protagonismo, entre pelucas y matracas
BEIJING, CHINA.- Panchita es china. Ha estado diez horas
con un grupo de desconocidos mexicanos apoyando a alguien de nombre Memo, eso y
"Mochico, Chayo", es todo lo que grita al compás de la porra más
animada en el gimnasio de la Universidad de las Ciencias.
Tiene una banda en la cabeza y su bandera roja con
estrellas amarillas está amarrada a la mexicana. Trae puesta una playera de Frida
Khalo. "Canta panchita", le dice uno de los mexicanos que la bautizó
con ese nombre.
Total, ya compartieron una hamburguesa con salsa
valentina que se trajeron desde México, unas paletas de elote con chile y unos paquetes
de galletas de chocolate. Para las 8:15 de la noche que esperan ver ganar
"al Memo", el mexicano, ya son amigos y ni el idioma limita las ganas
de escuchar el Himno Nacional en Beijing.
La porra más coreada "México Chayoooooo" que
significa vamos en mandarín. Se la copiaron a los chinos, y ningún otro país lo
hace, de hecho, sólo se escucha el chayooooo a todo pulmón cuando compiten los
chinos y los mexicanos, ya no es raro y además les sale perfecto.
Eso fue lo que trajo a "Panchita" hasta este
pedacito mexicano en las tribunas, porque aquí, no sólo Guillermo es la
sensación, sino también la porra conquista a las cámaras chinas. Varios de
mirada rasgada llegan con plumón en mano para pedir una firma en la playera y
se van con una sonrisa y su "Viva México, cabrones" en la espalda.
A estas alturas de los Juegos, los mexicanos en Beijing
ya son famosos. Están los tres hermanos que vinieron desde Guanajuato y que son
punto de referencia para ubicar a los mexicanos en las competencias, pues sus
disfraces los retiran del anonimato, hoy traen tres pelucas de rizos
alborotados con los colores patrios.
Ellos llegaron primero, por ahí de las nueve de la
mañana, después de comprar boletos por 600 pesos, a pesar de que el taekwondo
es uno de los deportes más baratos en taquilla, pero no sólo son los 600 pesos,
son los 30 mil que juntaron por cuatro años para este momento: escuchar el
Himno Nacional y ver la bandera en los más alto.
Y pasó. El "sí se puede" se transformó en
"sí se pudo". Lo pronosticaron con su energía, no podía ser de otra
manera. Sin conocerse los 50 ó 60 mexicanos se hicieron amigos. Cantaron sin peluca
ni matraca el Himno Nacional, lo hicieron a todo pulmón y con lágrimas en los
ojos.
Conmovían. Al grado de que quienes saben del deporte se
atrevieron a decir que los jueces dieron el oro a Guillermo, porque la porra ayudó
con su energía, pues con el empate se tenía que pelear uno más, y eso nunca
pasó. Simplemente "ganamos".